Mujercitas
Mujercitas Ahora viene lo más serio… Es muy reciente, y Fred se acaba de marchar. Es un joven tan alegre y dulce que todos le tenernos mucho cariño. Yo siempre le vi como un compañero de viaje y nada más, hasta la serenata de la otra noche. Entonces, comencé a intuir que los paseos a la luz de la luna, las conversaciones en el balcón y las aventuras diarias eran algo más que un simple entretenimiento para él. Mamá, te prometo que no he coqueteado con él… Recuerdo lo que me advertiste y he procurado seguir tus consejos. Yo no tengo la culpa de gustarle a alguien. No hago nada para que eso se produzca y me duele no sentir nada, aunque Jo opine que no tengo corazón. Mamá, supongo que estarás meneando la cabeza y que las chicas dirán ¡Menuda picara interesada!, pero he tomado una decisión; si Fred se declara, le aceptaré aunque no esté locamente enamorada. Me cae bien y nos sentimos muy a gusto juntos. Es joven, apuesto, bastante inteligente y muy rico, más rico incluso que los Laurence. No creo que su familia se oponga, y yo serÃa muy feliz porque son personas amables, bien educadas y generosas que me aprecian. Dado que Fred es el mayor de los gemelos, supongo que heredará buena parte del patrimonio, ¡que es enorme! Tienen una casa estupenda en la ciudad, en una de las calles más elegantes; no es tan vistosa como las grandes casas norteamericanas, pero es el doble de cómoda y tiene muchos más lujos, como les gusta vivir a los ingleses. Me encanta, y todo es auténtico. He visto la vajilla, las joyas de la familia, los viejos sirvientes y cuadros de la propiedad que tienen en el campo, una mansión con un amplio jardÃn, situada en un bello enclave, con buenos caballos. ¿Qué más podrÃa pedir? Prefiero eso a uno de esos tÃtulos que hacen enloquecer a las muchachas pero que no tienen nada detrás. Puede que sea una interesada, pero detesto la pobreza y no pienso soportarla ni un segundo más de lo imprescindible. Es preciso que una de nosotras se case con un hombre rico. Meg no lo ha hecho, Jo no lo hará y Beth todavÃa no puede… De modo que lo haré yo y asà todos llevaremos una vida más confortable. No me casarÃa con un hombre al que detestase o despreciase. Podéis estar seguras de ello. Aunque Fred no sea mi ideal, está muy bien y, con el tiempo, llegarÃa a apreciarle si él me tratase bien y me dejase hacer lo que quisiese. He estado dando vueltas al asunto durante toda la semana pasada —era imposible no darse cuenta de que le gusto a Fred—. Él no dijo nada, pero sus gestos le delataban. Nunca va con Flo, siempre está a mi lado, en los coches, en la mesa, cuando paseamos. Cuando nos quedamos a solas, se pone emotivo, y si algún joven me dirige la palabra, frunce el entrecejo. Ayer, a la hora de la cena, un oficial austrÃaco nos miró y luego le comentó a su amigo, un barón con pinta de libertino, algo acerca de ein wonderschönes Blöndschen, y Fred se enfureció como un león y cortó la carne tan enérgicamente que casi la tira del plato. No es uno de esos ingleses flemáticos y estirados, se enfada con facilidad; supongo que debe de llevar sangre escocesa en las venas o eso parece a juzgar por sus hermosos ojos azules.