Mujercitas
Mujercitas Cuando Jo volvió a casa, aquella primavera, se sorprendió al ver a Beth muy cambiada. Nadie comentaba nada ni parecía especialmente consciente de ese hecho, porque había sido uno de esos cambios progresivos que pasan inadvertidos a quienes ven a alguien a diario. Pero la distancia había agudizado la visión de Jo y, al ver el rostro de su hermana, le dio un vuelco el corazón. No estaba más pálida que en otoño, y solo un poco más delgada, pero tenía un extraño aspecto transparente, como si su envoltorio mortal se hubiese vuelto más fino y el brillo de su parte inmortal pudiese atravesar la delicada piel creando una belleza conmovedora, muy difícil de describir. Jo lo percibió y lo sintió, pero no comentó nada en el momento y, después, aquella primera impresión fue perdiendo importancia porque Beth estaba feliz y todo el mundo coincidía en que había mejorado mucho. Y, como Jo tenía otros asuntos en los que pensar, terminó por olvidar sus temores.
