Mujercitas
Mujercitas 
A las tres en punto, todo el que es alguien en Niza sale a dar una vuelta por la Promenade des Anglais, un lugar encantador. Se trata de un ancho paseo, bordeado de palmeras, flores y plantas tropicales que llega, en uno de sus extremos, a la orilla del mar y, por el otro, a una gran avenida llena de hoteles y de chalets que se recortan sobre un fondo lejano de colinas y huertos de naranjos. En el paseo, están representadas muchas naciones, se oye hablar muchas lenguas, se lucen muchos vestidos y, en un día de sol, el espectáculo que ofrece tiene la alegría y el brillo propio del carnaval. Altivos ingleses, animados franceses, sobrios alemanes, guapos españoles, feos rusos, sumisos judíos y despreocupados norteamericanos acuden al lugar a pasear o sentarse, mientras comentan las últimas novedades y critican al famoso de turno desde Ristori hasta Dickens y de Víctor Manuel a la reina de las islas Sandwich. Los medios de transporte son tan variados como la concurrencia y llaman mucho la atención, sobre todo unas carrozas bajas tiradas por unos gallardos potros, con alegres cortinas que impiden que los voluminosos vestidos con volantes de las damas salgan fuera del diminuto habitáculo y unos pequeños pajes encaramados en la parte trasera.
