Rosa en flor
Rosa en flor PrÃncipe Azul
El viejo guante yacÃa en el olvidado suelo, mientras que Rosa se sentó a meditar, hasta que un paso rápido se escuchó en la sala y una voz se acercó, armoniosamente tarareando.
«Mientras él estaba caminando por la calle, contemplando la ciudad, Oh, divisó a una muchacha Bonita, mirando a través de la ventana.
Al ver luz saltó a la escalera, e hizo vibrar el poste. ¡Oh, para descubrir si ella le permitÃa entrar!».
Rosa cantó con voz pausada y tocó la puerta.
—Buenos dÃas, Rosamunda, aquà están tus cartas, y tú más devoto está listo para ejecutar los encargos que puedas tener para él —fue el saludo de Charlie, mientras él llegaba en busca de lo hermoso, alegre y jovial, como de costumbre.
—Gracias. No tengo mandados por correo para ti, a menos que requieran respuestas, si ese es el caso, por lo que con vuestro permiso, prÃncipe —y Rosa empezó a abrir el puñado de billetes que lanzó en su regazo.
—¡Ah! ¿Qué visión es esta que trata de arruinar mis ojos? —exclamó Charlie, mientras señalaba con la mano, en un arranque melodramático, pues, como los actores aficionados más expertos, era apasionado a la introducción de representaciones teatrales privadas en su diálogo diario y charla.
