Rosa en flor
Rosa en flor Mac pulido
—Por favor, ¿podrÃa decir una palabra? —la pregunta fue repetida tres veces antes de que un jefe rudo se balanceara hacia fuera de la gruta de libros en los que, generalmente, se sentaba Mac cuando estudiaba.
—¿Alguien habla? —preguntó, parpadeando ante la inundación de sol que entraba junto con Rosa.
—Sólo tres veces, gracias. No te molestes, te lo ruego, porque yo sólo quiero decir una palabra —respondió Rosa mientras impedÃa que le ofreciera el sillón donde estaba sentado.
—Estaba profundamente abstraÃdo y no te oÃ. ¿Qué puedo hacer por ti, prima? —Y Mac empujó una pila de folletos de la silla cercana a él con un gesto de hospitalidad en la mano que envió a sus papeles volando en todas direcciones.
Rosa se sentó, pero no parecÃa encontrar su «palabra», nada fácil de pronunciar, porque ella torció el pañuelo alrededor de sus dedos en un silencio embarazoso, hasta que Mac se puso las gafas y, después de una mirada penetrante, le preguntó con seriedad:
—¿Es una astilla, un corte o un panadizo, señora?
—No lo es. Olvida tu molesta cirugÃa por un minuto y se lo más amable, primo, tal como lo fuiste alguna vez —respondió Rosa, con cierta brusquedad y terminando con su sonrisa más atractiva.
