Rosa en flor
Rosa en flor La parte triste y seria
—¿Cómo se veía? ¿Qué dijo? ¿Hay algo que nos pueda hacer olvidar para ser tan felices como antes? —fueron las primeras preguntas que Rosa se hizo tan pronto como despertó del breve sueño que siguió a una larga y triste vigilia. Parecía como si todo el mundo debiera ser cambiado gracias a un problema que se oscureció por ella. Era demasiado joven aun para saber cómo es posible perdonar los pecados mucho mayores que este, mucho más pesado olvidar las decepciones, sobrevivir a altas esperanzas, y enterrar amores, comparado con lo que ella era sino una fantasía de niña. Deseaba que no hubiera sido tan brillante un día, se preguntaba cómo podían cantar sus pájaros con tal alegría chillona, no ponerse la cinta en el pelo, y decir, mientras miraba el reflejo de su propio rostro cansado en el espejo: «¡Pobre! Pensaste que dar vuelta la hoja traería algo agradable para ti. La historia ha sido muy dulce y fácil de leer hasta ahora, pero la parte triste y seria viene a continuación».
Un golpe en la puerta le recordó que, a pesar de sus aflicciones, el desayuno debía ser comido, y el pensamiento repentino de que Charlie todavía podría estar en la casa hizo que abriera con prisa la puerta, para encontrar al Dr. Alec esperándola con su sonrisa matutina. Ella lo llamó y le susurró con ansiedad, como si alguien cercano estuviera gravemente enfermo:
