Rosa en flor
Rosa en flor Pequeñas tentaciones
—¡Oh, Rosa, tengo algo muy emocionante que contarte! —exclamó Kitty Van Tassel, saltando del carruaje la mañana siguiente, cuando su amiga la llamó para ir de compras.
Kitty siempre tenÃa alguna «perfectamente emocionante» confesión que hacer y Rosa habÃa aprendido a tomárselo con calma, pero la próxima manifestación era una nueva, ya que, sin tener en cuenta a los observadores curiosos con sus desordenados sombreros, Kitty atrapó a Rosa alrededor del cuello, exclamando en voz entusiasta:
—Mi querida criatura, estoy comprometida.
—¡Estoy tan contenta! Por supuesto, es Steve.
—Querido amiga, lo hizo ayer por la noche de la mejor manera, y Mama está muy encantada. Y ahora, ¿me voy a casar? —Y Kitty se tranquilizó con la cara llena de la más profunda ansiedad.
—¿Cómo puedes hablar de eso tan pronto? Porque, Kit, chica romántica, debes estar pensando en tu novio y no en la ropa —dijo Rosa, divertida, pero no escandalizada por tal falta de sentimiento.
—Estoy pensando en mi amor, porque él dice que no tendrá un compromiso tan largo, asà que debo empezar a pensar en las cosas más importantes a la vez, ¿no debo hacerlo?
