Eugenio Oneguin

Eugenio Oneguin

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CAPÍTULO VI

La sotto giorni nubilosi e breviNasce una gante a cui’l morir non dole.

(Petrarca)

 

Onieguin, dándose cuenta que Vladimir ha desaparecido, siéntese nuevamente invadido por el aburrimiento y, al lado de Olga, se entrega a sus pensamientos, satisfecho de su venganza. Olenka[40] también bosteza, y con la mirada busca a Lenski; el interminable cotillón le parece peor que una pesadilla. Mientras tanto, preparan las camas para los invitados, que son repartidos por toda la mansión, desde la entrada hasta el cuarto de las sirvientas. Tan sólo mi Onieguin se va a dormir a su casa. Todo se ha calmado. En el salón, el pasado Pustiakov ronca junto a su gruesa mitad; en el comedor, Gvozdin, Buyanoff, Petuchko y Flianof, que no se encuentra bien, se ha recostado en los sillones; en cuanto a monsieur Triquet, con su gorro colorado y su camiseta, se echa en el suelo. Las jóvenes, en las habitaciones de Tatiana y de Olga, están presas por el sueño. La pobre Tania no duerme; en la ventana, sola y triste, iluminada por el rayo de Diana, fija la mirada en la oscuridad del campo.


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