Eugenio Oneguin

Eugenio Oneguin

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CAPÍTULO IV

La morale est dans la nature des choses.

(Necker)

 

Al principio de mi vida me gobernaba el encantador y astuto sexo débil; entonces mi única ley era cumplir sus caprichos frívolos. El alma acababa de inflamarse, y la mujer aparecía al corazón como alguna casta divinidad. Resplandecía al apoderarse de mis sentimientos y de mi inteligencia. Ante ella yo me consumía en silencio; su amor me parecía un bien inaccesible. ¡Vivir y morir a sus lindos pies! No podía desear nada más. A ratos la aborrecía y derramaba lágrimas; con pena y horror veía en ella un ser de fuerzas perversas; sus penetrantes miradas, sus sonrisas, su voz, sus conversaciones, todo en ella era veneno, traición; no deseaba más que mis lágrimas, mis suspiros, y se alimentaba con mi sangre. A ratos veía en ella al mármol ante las súplicas de Pygmalión, todavía frío e inanimado, pero muy pronto vivo y ardiente.



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