La teorÃa de los archipiélagos
La teorÃa de los archipiélagos HabÃa algo que todavÃa tenÃa que encontrar, aunque no supiera exactamente qué era. Tal vez no era Candela lo que buscaba, sino una manera de reconciliarse con el hombre que habÃa sido, con las decisiones que lo llevaron hasta aquÃ.
MartÃn guardó el cuaderno en su bolso y comenzó a caminar, dejando atrás el rÃo pero llevándose consigo las despedidas que lo habÃan marcado.
El pasado y el presente eran dos islas separadas por un océano de tiempo. MartÃn lo entendÃa ahora, mientras caminaba por las calles del pueblo que parecÃa más un recuerdo que una realidad. HabÃa pasado semanas buscando a Candela, siguiendo pistas que siempre terminaban en el mismo lugar: la nada. Pero en su interior, la voz de ella seguÃa empujándolo, diciéndole que no se rindiera.
En una pequeña cafeterÃa cerca de la plaza, MartÃn se sentó junto a la ventana. La dueña del lugar, una mujer con el cabello teñido de un rubio artificial, le trajo un café y una mirada de curiosidad.
―¿Está usted de paso? ―preguntó, limpiando la mesa con un trapo que olÃa a lavanda.
MartÃn dudó. Siempre dudaba cuando alguien le hacÃa esa pregunta, como si la respuesta que eligiera pudiera cambiar la dirección de su búsqueda.
