La teoría de los archipiélagos
La teoría de los archipiélagos Martín asintió, pero no respondió. Subió las escaleras hasta su habitación y colocó la flor en un vaso junto a la ventana. Luego, tomó el cuaderno de dibujos y comenzó a trazar líneas, como lo hacía en 1980. Pero esta vez, no era solo el pasado lo que quería capturar. Era algo más. Algo que no podía nombrar.
Martín sabía que el abismo entre su presente y su pasado nunca desaparecería del todo. Pero quizá, solo quizá, podía construir un puente. Línea a línea, dibujo a dibujo, paso a paso.
Martín se despertó temprano aquella mañana. El sonido de los pájaros y el murmullo de las hojas mecidas por el viento se filtraban por la ventana del hostal. El girasol que había dejado la noche anterior seguía en su lugar, inclinado hacia la luz del sol que bañaba la habitación. Había algo definitivo en el aire, una sensación de cierre que no podía ignorar.
Tomó el cuaderno de dibujo y lo guardó cuidadosamente en su bolso, junto con las pocas pertenencias que había traído. Antes de salir, echó un último vistazo a la habitación. Había llegado allí buscando respuestas, pero lo que había encontrado era algo más profundo: una manera de reconciliarse con el pasado.
