Divina Comedia
Divina Comedia Le respondÃ:
—Maestro, tus razonamientos son para mà tan verÃdicos y me obligan a prestarle tanta fe, que cualesquiera otros me parecerÃan carbones apagados. Pero dime si entre la gente que va pasando hay alguno digno de notarse, pues eso sólo ocupa mi alma.
—Aquel cuya barba se extiende desde el rostro hasta sus morenas espaldas fue augur cuando la Grecia se quedó tan exhausta de varones que apenas los habÃa en las cunas; fue él, junto con Calcante, quien dio la señal en Aulide para soltar amarras. Se llamó Euripilo y asà lo nombra en algún sitio mi alta tragedia[165]. Aquel otro que ves tan demacrado fue Miguel Scoto, que conoció perfectamente las imposturas del arte mágica. Mira a Guido Bonatti y ve allà a Asdente, que ahora desearÃa no haber dejado su cuero y su bramante, pero se arrepiente demasiado tarde. Contempla a las tristes que abandonaron la aguja, la lanzadera y el huso para convertirse en adivinas y hacer maleficios con hierbas y con figuras[166]. Pero ven ahora, porque ya el astro en que se ve a CaÃn con las espinas ocupa el confÃn de los dos hemisferios y toca el mar más abajo de Sevilla. La noche era ya redonda en la noche anterior; debes recordar bien que no dejó de alumbrarte por la selva umbrÃa[167].
Asà me hablaba y entre tanto Ãbamos caminando.