Divina Comedia
Divina Comedia —Yo caà hace poco tiempo desde Toscana en este horrible abismo. La vida salvaje me agradó más que la humana: fui lo mismo que un mulo. Soy Vanni Fucci, el bestia, y Pistoia fue mi digno cubil.
—Dile que no huya y pregúntale qué delito lo ha precipitado aquÃ, pues yo lo conocà como hombre colérico y sanguinario, no como ladrón.
El pecador, que me oyó, no se ocultó, sino que dirigió hacia mà atentamente su mirada y se cubrió el rostro de triste vergüenza. Después dijo:
—Siento más que me hayas encontrado en la miseria en que me ves de lo que sentà verme privado de la vida. Pero no puedo negarme a satisfacer tus preguntas. Estoy sumido aquà porque robé en la sacristÃa los hermosos ornamentos y de ese delito fue otro acusado falsamente. Mas, para que no te goces en mi desgracia, si acaso llegas a salir de estos lugares sombrÃos, abre tus oÃdos a mi anuncio y escucha: primeramente Pistoia quedará despoblada de Negros, después Florencia renovará sus habitantes y su forma de gobierno. Marte hará salir del valle de Magra un vapor que, envuelto en sombrÃas nieblas y en tempestad impetuosa y terrible, se desencadenará sobre el campo Piceno; y allÃ, desgarrándose de repente la nube, aniquilará a todos los Blancos[192]. Te he dicho esto para que te cause dolor.