Divina Comedia
Divina Comedia —Yo fui de Arezzo —respondió uno— y Álvaro de Siena me condenó a las llamas; pero la causa de mi muerte no es la que me ha traído al Infierno. Es cierto que le dije chanceándome: «Yo sabría elevarme por el aire volando»; y él, que era curioso y de cortos alcances, quiso que yo le enseñase a volar. Y tan sólo porque no lo convertí en Dédalo me hizo quemar por mandato de uno que lo tenía por hijo. Pero Minos, que no puede equivocarse, me condenó a la última de las diez fosas por haberme dedicado a la alquimia en el mundo[223].
Yo dije al Poeta:
—¿Ha habido nunca gente más vana y megalómana que los seneses, si excluimos a los franceses?
Y otro leproso que había oído mis palabras me dijo: