Divina Comedia
Divina Comedia —No lo sé; pero es muy digno de desaparecer el nombre del tal valle, porque desde su origen (donde la alpestre cordillera de que está desprendido el Peloro es tan copiosa de aguas, que en pocos sitios lo serÃa más) hasta el punto en que restituye lo que las nubes habÃan sacado del mar, a quien deben los rÃos el caudal que va con ellos, todos sus pobladores, enemistados con la virtud, la persiguen como a una serpiente, ya sea por desventura del paÃs o ya por una mala costumbre que los arrastra. Por lo cual tienen los habitantes de aquel mÃsero valle tan pervertida su naturaleza, que parece que Circe los haya apacentado. Aquel rÃo lleva primero su débil curso por entre sucios puercos, más dignos de bellotas que de otro alimento condimentado para uso de los humanos. Llegando abajo, encuentra viles gozquecillos, más rabiosos de lo que les permite su fuerza y a quienes tuerce con desdén el hocico. Va descendiendo y cuanto más acrecienta su caudal tantos más perros encuentra convertidos en lobos en aquel maldecido y desdichado valle. Bajando luego por entre profundas gargantas, tropieza con las engañosas zorras, que no temen lazo que pueda cogerlas. No he de dejar de decirlo, aunque haya alguien que me oiga; y le convendrá a ése, con tal que se acuerde de lo que la verdad me hace decir[91]. Veo a tu nieto, que se convierte en cazador cruel de aquellos lobos sobre la orilla del feroz rÃo y a todos los atemoriza. Vende por dinero su carne, aun estando viva; después los mata como si fuesen bueyes viejos, y quita a muchos la vida y a sà mismo el honor. Ensangrentado sale de la triste selva, dejándola de tal modo que de aquà a mil años no volverá a su estado primitivo.