Divina Comedia
Divina Comedia Lector, si alguna vez te ha sorprendido la niebla en los Alpes, de modo que no vieses a través de ella sino como el topo a través de la membrana que cubre sus ojos, recuerda cuán débilmente penetra el globo solar por entre los húmedos y densos vapores cuando éstos empiezan a enrarecerse, y tu imaginación podrá fácilmente figurarse cómo volví a ver el Sol, que estaba ya próximo al ocaso. Así pues, caminando a par de mi fiel Maestro, salimos fuera de la nube de humo a los rayos luminosos, que ya se habían extinguido en la falda de la montaña.