Divina Comedia
Divina Comedia —El amor del bien que no ha cumplido su deber se purga aquÃ; aquà se castiga al tardo remero. Para que lo entiendas más claramente, dirige tu pensamiento hacia mà y recogerás algún buen fruto de nuestra detención. Hijo mÃo —empezó a decir—, ni el Creador ni criatura alguna carecieron jamás de amor, bien sea natural o racional, según te consta. El natural no se equivocó nunca; el otro puede errar por dirigirse a un mal objeto y por exceso o por falta de fervor. Mientras se dirige a los principales bienes y se modera en su afecto a secundarios, no puede ser causa de censurable deleite; pero cuando se inclina al mal o se lanza al bien con mayor o menor solicitud de la que debe, entonces la criatura se vuelve contra su Creador. De aquà puedes deducir que el amor es en vosotros la semilla de toda virtud y de toda acción que merezca castigo. Ahora bien, como el amor no puede nunca renunciar a la dicha del sujeto en quien reside, todas las cosas están imposibilitadas para odiarse a sà mismas; y como no se concibe que ningún ser creado pueda existir por sà solo ni separado del Ser Primero, es imposible todo sentimiento que tienda a odiar a éste. Resulta, pues, si mi deducción es lógica, que el mal que se desea es contra el prójimo. Y este amor nace de tres modos en vuestro frágil barro. Hay quien espera elevarse sobre la ruina de su vecino y sólo por esto desea que se derrumbe desde la altura de su grandeza; hay quien teme perder mando, gracia, honor y fama ante la elevación de otro, y esto le causa tal disgusto que anhela lo contrario; y hay, en fin, quien, por haber recibido alguna injuria, se irrita de tal suerte que arde en sed de venganza y únicamente piensa en hacer daño a su contrario. Este triforme amor es el que hemos visto llorar en los tres cÃrculos inferiores. Ahora quiero que conozcas el otro amor que corre al bien sin orden ni medida. Cada cual concibe confusamente y desea un bien en el que se recrea el alma; y por esto se esfuerzan todos por alcanzarlo. Si vuestro amor es lento en dirigirse o en adquirir aquel bien, este cÃrculo os da el debido castigo, aunque sólo después de vuestro arrepentimiento en vida. Existe otro bien que no hace al hombre dichoso; no es la felicidad, no es la buena esencia, el fruto y la raÃz de todo bien. El amor que se entrega demasiado a ese bien se castiga en los tres cÃrculos superiores a éste; pero no te diré el modo como está hecha esta división, a fin de que tú mismo lo averigües[113].