Divina Comedia

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—Hijo, si tu mente recibe y guarda mis palabras, ellas te darán luz sobre el punto de que hablas. La sangre más pura, que nunca es absorbida por las sedientas venas y que sobra, como sobran los alimentos que se retiran de la mesa, adquiere en el corazón una virtud tan apta para formar todos los miembros humanos como la que tiene para alimentarlos la sangre que va por las venas. Después, todavía más depurada, desciende a un punto que es mejor callar que nombrar, de donde se destila sobre la sangre de otro ser en vaso natural. Aquí se mezclan las dos, la una dispuesta a recibir la impresión, la otra a producirla por efecto de la perfección del lugar de que procede, y apenas están juntas, la sangre viril empieza a operar, coagulando primero y vivificando en seguida lo que ha hecho unírsele como materia propia. Convertida la virtud activa en alma, como la de una planta pero con la diferencia de que aquélla está en vías de formación y la de la planta ya ha llegado a su término, continúa obrando de tal modo que pronto se mueve y siente como la esponja marina, y en seguida emprende la organización de las potencias, de las cuales es el germen. Hijo mío, la virtud que procede del corazón del padre y desde la cual atiende la naturaleza a todos los miembros, ahora se ensancha y se prolonga; mas no ves todavía cómo el feto pasa de animal a racional; este punto es tal, que uno más sabio que tú[172] incurrió con su doctrina en el error de separar del alma el intelecto posible, porque no vio que éste tuviese ningún órgano especial adecuado a sus funciones. Abre tu corazón a la verdad que te presento y sabe que, en cuanto está concluido el organismo del cerebro del feto, el Primer Motor se dirige placentero hacia aquella obra maestra de la naturaleza y le infunde un nuevo espíritu, lleno de virtud, que atrae a su sustancia lo que allí se encuentra de activo y le convierte en un alma personal, que vive y siente y se refleja sobre sí misma. A fin de que te causen menos admiración mis palabras, considera el calor del sol, que se transforma en vino uniéndose al humor que sale de la vid. Cuando Lachesis no tiene ya lino, el alma se separa del cuerpo, llevándose virtualmente consigo sus potencias divinas y humanas: todas las facultades sensitivas quedan como mudas, pero la memoria, el entendimiento y la voluntad son en sus acciones mucho más sutiles que antes. Sin detenerse, el alma llega maravillosamente a una de las orillas, donde conoce el camino que le está reservado. En cuanto se encuentra circunscrita en él, la virtud informativa irradia en torno del mismo modo que cuando vivía en sus miembros; y así como el aire, cuando el tiempo está lluvioso, se presenta adornado de distintos colores por los rayos del sol que en él se reflejan, de igual suerte el aire de alrededor toma la forma que le imprime virtualmente el alma que está allí detenida; y semejante, además, a la llama, que sigue en todos sus movimientos al fuego, la nueva forma va siguiendo al espíritu. Por fin, como el alma toma de esto apariencia, se le llama sombra, y en esa forma organiza luego cada uno de sus sentidos, hasta el de la vista. En virtud de este cuerpo aéreo hablamos, reímos, derramamos lágrimas y suspiramos, como habrás podido observar en este monte. Según como los deseos y los demás afectos nos impresionan, la sombra toma diferentes figuras: tal es la causa de lo que te admira[173].


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