Divina Comedia
Divina Comedia Entonces volvió los ojos, que habÃa tenido fijos; mirome un momento y luego inclinó la cabeza y volvió a caer entre los demás ciegos. Mi guÃa me dijo:
—Ya no volverá a levantarse hasta que se oiga el sonido de la angélica trompeta para presentarse a Juicio ante Cristo. Cada cual encontrará entonces su triste tumba; recobrará sus carnes y su figura; y oirá el juicio que debe resonar por toda una eternidad.
Asà fuimos atravesando aquella impura mezcla de sombras y de lluvia, con paso lento, razonando un poco sobre la vida futura. Por lo cual dije:
—Maestro, ¿estos tormentos serán mayores después de la gran sentencia, o bien menores, o seguirán siendo igual de dolorosos?
Y él a mÃ:
—Acuérdate de tu ciencia[72], que pretende que cuanto más perfecta es una cosa, tanto mayor bien o dolor experimenta. Aunque esta raza maldita no debe jamás llegar a la verdadera perfección, espera ser después del Juicio más perfecta que ahora.
Continuamos hablando de otras cosas que no refiero y llegamos al sitio por donde se desciende. Allà encontramos a Plutón, el gran enemigo.