Divina Comedia
Divina Comedia ¡Oh divina PoesÃa! Si te prestas a mà de modo que yo pueda poner de manifiesto el recuerdo del reino bienaventurado estampado en mi cabeza, me verás acudir a tu árbol querido y coronarme de laurel, pues el asunto de mi canto y tu favor me harán digno de ello.
Tan pocas veces, ¡oh Padre de la PoesÃa!, se recoge el lauro del triunfo, ya como César, ya como poeta (por debilidad y vergüenza de la humana voluntad), que cuando alguno arde en deseos de alcanzarlo, el follaje peneico deberÃa difundir la alegrÃa en ti, feliz deidad délfica[2]. A una pequeña chispa sigue una gran llama; quizá después de mà habrá quien ruegue con mejor voz para que respondas desde Cirra.