Divina Comedia
Divina Comedia ¡Oh vosotros, que, deseosos de escucharme, habéis seguido en una frágil barca tras de mi bajel, que navega cantando: volved a vuestras playas! No os adentréis en el mar, porque quizá, perdiéndome de vista, quedarÃais perdidos. El agua por la que voy no fue jamás recorrida; Minerva sopla en mi vela, Apolo me conduce y las nuevas Musas me enseñan las Osas[7]. Y vosotros, los que, en corto número, levantasteis a tiempo las miradas hacia el pan de los ángeles, del cual se vive aquà sin que nadie quede harto, bien podéis dirigir vuestra nave por el alto mar, siguiendo mi estela sobre el agua, que volverá a cerrarse apenas pase. Aquellos gloriosos héroes que llegaron a la Cólquide no se admiraron cuando vieron a Jasón convertido en boyero como os admiraréis ahora vosotros[8]. La innata y perpetua sed del deiforme reino[9] nos hacÃa ir casi tan veloces como veloz veis al mismo Cielo. Beatriz miraba hacia arriba, y yo la miraba a ella; y quizá en menos tiempo del que se coloca un dardo y se despide del arco y vuela, me vi llegado a un punto donde una cosa admirable atrajo mis miradas; por lo cual, aquella para quien no podÃan estar ocultos mis sentimientos, vuelta hacia mà tan agradable como bella, me dijo:
—Eleva tu agradecida mente hacia Dios, que nos ha transportado a la primera estrella.