Divina Comedia

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—Hermano, la virtud de la caridad calma nuestra voluntad y esa virtud nos hace querer solamente lo que tenemos y no apetecer nada más. Si deseáramos estar más elevadas, nuestro anhelo estaría en desacuerdo con la voluntad de Aquel que nos reúne aquí, desacuerdo que no admiten las esferas celestes, como verás si consideras bien que aquí es condición necesaria estar unidas a Dios por medio de la caridad y que la naturaleza de la caridad es ella misma, es decir, conformarse a la voluntad del ser amado. También es necesario a nuestra existencia bienaventurada uniformar la propia voluntad a la de Dios, de modo que nuestras mismas voluntades se refundan en una. Así es que el estar como estamos distribuidas de grado en grado por este reino configura la naturaleza del mismo, porque place al Rey cuya voluntad es la nuestra. En su voluntad está nuestra paz; ella es el mar a donde va a parar todo lo que ha creado o lo que hace la Naturaleza.

Entonces comprendí claramente por qué en el Cielo todo es Paraíso, por más que la gracia del Supremo Bien no llueva en todas partes igual. Pero, así como suele suceder que un manjar nos sacie y que sintamos aún apetito por otro, de suerte que pedimos éste y rechazamos aquél, así hice yo con el gesto y la palabra para agradecerle lo que ya había explicado y, al mismo tiempo, saber por qué no había cumplido sus votos.


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