Divina Comedia
Divina Comedia —¡Oh locas criaturas! ¡Cuán grande es la ignorancia que os extravÃa! Quiero que te alimentes con mis lecciones. Aquel cuya sabidurÃa es superior a todo, hizo los cielos y les dio una guÃa, de modo que toda parte brilla para toda parte, distribuyendo la luz por igual; con el esplendor del mundo hizo lo mismo y le dio una guÃa que, administrándolo todo, hiciera pasar de tiempo en tiempo las vanas riquezas de una a otra familia, de una a otra nación, a pesar de los obstáculos que crean la prudencia y la previsión humanas. He aquà por qué. Mientras una nación impera otra languidece, según el juicio de Aquel que está oculto como la serpiente en la hierba. Vuestro saber no puede contrastarlo, porque provee, juzga y prosigue su reinado, como el suyo cada una de las otras deidades. Sus transformaciones no tienen tregua; la necesidad la obliga a ser rápida, por eso se cambia todo en el mundo con tanta frecuencia. Tal es esa a quien tan a menudo vituperan los mismos que deberÃan ensalzarla y de quien blasfeman y maldicen sin razón. Pero ella es feliz y no oye esas maldiciones; contenta entre las primeras criaturas, prosigue su obra y goza en su beatitud[74]. Bajemos ahora donde existen mayores y más lamentables males. Ya descienden las estrellas que salieron cuando me puse en marcha y nos está prohibido retrasarnos mucho.