Divina Comedia
Divina Comedia Las luces formaron, pues, treinta y cinco vocales y consonantes y yo observé aquellas figuras conforme se me iban apareciendo. «Diligite iustitiam» fue el primer verbo y el primer nombre que representaron. «Qui iudicatis terram» fueron las últimas palabras. Después, en la «M» del quinto vocablo se quedaron formadas de modo que la estrella de Júpiter en aquel punto aparecía de plata moteada de oro. Entonces vi descender otras luces sobre la parte superior de la «M» y detenerse allí cantando al Bien que hacia sí las atrae[146]. Después, así como del choque de los tizones ardientes salen innumerables chispas, de donde los necios deducen augurios, pareciome que se elevaban más de mil, remontándose unas más y otras menos, según las distribuye el Sol que las enciende; y cuando cada cual quedó fija en su puesto, vi que aquellas luces formaban distintamente la cabeza y el cuello de un águila. Aquel que pinta esto no necesita guía, antes bien, Él guía todas las cosas y de Él procede esa virtud que mueve a los animales a dar una forma apropiada a sus nidos. Los demás bienaventurados, que anteriormente parecían contentarse con formar sobre la «M» una corona de flores, por medio de un pequeño movimiento concluyeron por dibujar la figura de un águila.