Divina Comedia
Divina Comedia —Estás tan cerca de la última salvación —empezó a decirme Beatriz—, que debes tener los ojos claros y penetrantes. Asà pues, antes de que llegues a ella, mira hacia abajo y contempla cuántos mundos he puesto bajo tus pies, a fin de que tu corazón se presente tan gozoso como pueda ante la triunfante multitud que alegre acude por esta bóveda atérea.
Recorrà con la vista todas las siete esferas y vi a nuestro globo tan pequeño, que me reà de su vil aspecto; asà es que apruebo como mejor parecer el de quien lo tiene en poca estima, pudiendo llamarse verdaderamente probo el que sólo piensa en el otro mundo.
Vi a la hija de Latona completamente iluminada, sin aquella sombra que fue la causa de que yo la creyera enrarecida y densa[173]. AllÃ, ¡Oh Hiperión!, pudieron soportar mis ojos la luz de tu hijo, y vi cómo se mueven próximos a él y en derredor suyo los hijos de Maya y Dione[174]. Allà me apareció Júpiter atemperando a su padre y a su hijo; allà distinguà con claridad sus frecuentes cambios de lugar, y todos los siete planetas me manifestaron su magnitud, su velocidad y la distancia a que respectivamente se encuentran colocados. Aquel pequeño punto que nos hace tan orgullosos se me apareció por completo desde las montañas a los mares mientras que yo giraba con los eternos Gemelos. Después fijé mis ojos en los hermosos ojos de mi Dama.