Divina Comedia

Divina Comedia

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—Toda la confianza y la gracia que pueden caber en un ángel y en un alma se encuentran en él y así queremos que sea; porque es el que llevó la palma a María cuando el Hijo de Dios, encarnándose, quiso cargar con nuestro peso. Pero sigue ahora con la vista según yo vaya hablando y fija la atención en los grandes patricios de este imperio justísimo y piadoso. Aquellos dos que ves sentados allá arriba, más felices por estar sumamente próximos a la augusta Señora, son casi dos raíces de esta rosa. El que está a la izquierda es el primer padre, cuyo atrevido paladar fue causa de que la especie humana probara tanta amargura. Contempla a la derecha al anciano Padre de la santa Iglesia, a quien Cristo confió las llaves de esta encantadora flor. A su lado se sienta aquel que vio, antes de morir, todos los tiempos calamitosos que debía atravesar la bella Esposa que fue conquistada por la lanza y los clavos; y próximo al otro, aquel jefe bajo cuyas órdenes vivió de maná la nación ingrata, voluble y obstinada. Mira sentada a Ana frente a Pedro, contemplando a su hija con tal arrobamiento que ni aun al cantar «Hosanna» separa sus ojos de ella. Y frente al mayor padre de familia se sienta Lucía, que envió a tu Dama en tu socorro cuando cerraste los párpados al borde del abismo[237]. Mas, por cuanto huye el tiempo que te ha sido concedido, haremos punto aquí, como un buen sastre, que según el paño con que cuenta así hace el traje, y elevaremos los ojos hacia el primer Amor, de modo que, mirándolo, penetres en su fulgor cuanto te sea posible. Sin embargo, a fin de que al mover tus alas no retrocedas acaso creyendo adelantar[238], es preciso pedir con ruegos la Gracia que necesitas e impetrarla de aquella que puede ayudarte. Sígueme, pues, con el afecto, de modo que tu corazón acompañe a mis palabras.


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