La Divina Comedia
La Divina Comedia El dÃa se marchaba, el aire oscuro
a los seres que habitan en la tierra
quitaba sus fatigas; y yo sólo
me disponÃa a sostener la guerra,
contra el camino y contra el sufrimiento
que sin errar evocará mi mente.
¡Oh musas! ¡Oh alto ingenio, sostenedme!
¡Memoria que escribiste lo que vi,
aquà se advertirá tu gran nobleza!
Yo comencé: «Poeta que me guÃas,
mira si mi virtud es suficiente
antes de comenzar tan ardua empresa.
Tú nos contaste que el padre de Silvio,
sin estar aún corrupto, al inmortal
reino llegó, y lo hizo en cuerpo y alma.
Pero si el adversario del pecado
le hizo el favor, pensando el gran efecto
que de aquello saldrÃa, el qué y el cuál,
no le parece indigno al hombre sabio;
pues fue de la alma Roma y de su imperio
escogido por padre en el EmpÃreo.
La cual y el cual, a decir la verdad,
como el lugar sagrado fue elegida,
que habita el sucesor del mayor Pedro.
En el viaje por el cual le alabas
escuchó cosas que fueron motivo
de su triunfo y del manto de los papas.
