La Divina Comedia

La Divina Comedia

CANTO XIX

¡Oh Simón Mago! Oh mfseros secuaces

que las cosas de Dios, que de los buenos

esposas deben ser, como rapaces

por el oro y la plata adulteráis!

sonar debe la trompa por vosotros,

puesto que estáis en la tercera bolsa.

Ya estábamos en la siguiente tumba,

subidos en la parte del escollo

que cae justo en el medio de aquel foso.

¡Suma sabiduría! ¡Qué arte muestras

en el cielo, en la tierra y el mal mundo,

cuán justamente tu virtud repartes!

Yo vi, por las orillas y en el fondo,

llena la piedra livida de hoyos,

todos redondos y de igual tamaño.

No los vi menos amplios ni mayores

que esos que hay en mi bello San Juan,

y son el sitio para los bautismos;

uno de los que no hace aún mucho tiempo

yo rompí porque en él uno se ahogaba:

sea esto seña que a todos convenza.

A todos les salían por la boca

de un pecador los pies, y de las piernas

hasta el muslo, y el resto estaba dentro.

Ambas plantas a todos les ardían;

y tan fuerte agitaban las coyundas,

que habrían destrozado soga y cuerdas.


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