La Divina Comedia
La Divina Comedia ¡Oh Simón Mago! Oh mfseros secuaces
que las cosas de Dios, que de los buenos
esposas deben ser, como rapaces
por el oro y la plata adulteráis!
sonar debe la trompa por vosotros,
puesto que estáis en la tercera bolsa.
Ya estábamos en la siguiente tumba,
subidos en la parte del escollo
que cae justo en el medio de aquel foso.
¡Suma sabidurÃa! ¡Qué arte muestras
en el cielo, en la tierra y el mal mundo,
cuán justamente tu virtud repartes!
Yo vi, por las orillas y en el fondo,
llena la piedra livida de hoyos,
todos redondos y de igual tamaño.
No los vi menos amplios ni mayores
que esos que hay en mi bello San Juan,
y son el sitio para los bautismos;
uno de los que no hace aún mucho tiempo
yo rompà porque en él uno se ahogaba:
sea esto seña que a todos convenza.
A todos les salÃan por la boca
de un pecador los pies, y de las piernas
hasta el muslo, y el resto estaba dentro.
Ambas plantas a todos les ardÃan;
y tan fuerte agitaban las coyundas,
que habrÃan destrozado soga y cuerdas.
