La Divina Comedia

La Divina Comedia

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Y Colmilludo a cuya boca asoman,

tal jabalí, un colmillo a cada lado,

le hizo sentir cómo uno descosía.

Cayó el ratón entre malvados gatos;

mas le agarró en sus brazos Barbatiesa,

y dijo: « Estaros quietos un momento.»

Y volviendo la cara a mi maestro

«Pregunta —dijo— aún, si más deseas

de él saber, antes que esos lo destrocen».

El guía entonces: «De los otros reos,

di ahora si de algún latino sabes

que esté bajo la pez.» Y él: «Hace poco

a uno dejé que fue de allí vecino.

¡Si estuviese con él aún recubierto

no temería tridentes ni garras!»

Y el Salido: «Esperamos ya bastante»,

dijo, y cogióle el brazo con el gancho,

tal que se llevó un trozo desgarrado.

También quiso agarrarle Ponzoñoso

piernas abajo; mas el decurión

miró a su alrededor con mala cara.

Cuando estuvieron algo más calmados,

a aquel que aún contemplaba sus heridas

le preguntó mi guía sin tardanza:

«¿Y quién es ése a quien enhoramala

dejaste, has dicho, por salir a flote?»

Y aquél repuso: «Fue el fraile Gomita,


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