La Divina Comedia
La Divina Comedia llenos de asombro, olvidando el martirio.
« Pues bien, di a Fray DolcÃn que se abastezca,
tú que tal vez verás el sol en breve,
si es que no quiere aquà seguirme pronto,
tanto, que, rodeado por la nieve,
no deje la victoria al de Novara,
que no serÃa fácil de otro modo.»
Después de alzar un pie para girarse,
estas palabras dÃjome Mahoma;
luego al marcharse lo fijó en la tierra.
Otro, con la garganta perforada,
cortada la nariz hasta las cejas,
que una oreja tenÃa solamente,
con los otros quedó, maravillado,
y antes que los demás, abrió el gaznate,
que era por fuera rojo por completo;
y dijo: «Oh tú a quien culpa no condena
y a quien yo he visto en la tierra latina,
si mucha semejanza no me engaña,
acuérdate de Pier de Medicina,
si es que vuelves a ver el dulce llano,
que de Vercelli a Marcabó desciende.
Y haz saber a los dos grandes de Fano,
a maese Guido y a maese Angiolello,
que, si no es vana aquà la profecÃa,
arrojados serán de su bajel,
y agarrotados cerca de Cattolica,