La Divina Comedia
La Divina Comedia Por surcar mejor agua alza las velas
ahora la navecilla de mi ingenio,
que un mar tan cruel detrás de sí abandona;
y cantaré de aquel segundo reino
donde el humano espíritu se purga
y de subir al cielo se hace digno.
Mas renazca la muerta poesía,
oh, santas musas, pues que vuestro soy; .
y Calíope un poco se levante,
mi canto acompañando con las voces
que a las urracas míseras tal golpe
dieron, que del perdón desesperaron.
Dulce color de un oriental zafiro,
que se expandía en el sereno aspecto
del aire, puro hasta la prima esfera,
reapareció a mi vista deleitoso,
en cuanto que salí del aire muerto,
que vista y pecho contristado había.
El astro bello que al amor invita
hacía sonreir todo el oriente,
y los Peces velados lo escoltaban.
Me volví a la derecha atentamente,
y vi en el otro polo cuatro estrellas
que sólo vieron las primeras gentes.
Parecía que el cielo se gozara
con sus luces: ¡Oh viudo septentrión,
ya que de su visión estás privado!
