La Divina Comedia
La Divina Comedia Había terminado sus razones
mi alto doctor, mirando atentamente
si en mis ojos mostraba mi contento;
y yo, a quien nueva sed atormentaba,
callaba, mas por dentro me decía:
«mi preguntar acaso le molesta».
Mas el padre veraz, que se dio cuenta
del medroso deseo que ocultaba
sin hablar, me alentó a que preguntase.
Y yo: «Maestro, mi visión se aviva
tanto en tu luz, que ya distingo claro
lo que tu ciencia abarca o me describe:
Y así te pido, caro y dulce padre,
me expliques ese Amor al que reduces
cualquiera bien obrar o su contrario.»
«Dirige —dijo— a mí las claras luces
del intelecto, y el error verás
de los ciegos que en guía se convierten.
El alma, que a amar presta fue creada,
se mueve a cualquier cosa que le place,
tan pronto del placer es puesta en acto.
La percepción, de seres verdaderos
saca la imagen que despliega dentro,
e impulsa al alma a que se vuelva a ésta;
y si, vuelta hacia ella, se doblega,
Amor se llama ese doblegarniento,
que por gozar de nuevo entra en vosotros.
