La Divina Comedia
La Divina Comedia Dilación no admitÃa la subida;
puesto que el sol habÃa ya dejado
la noche al Escorpión, el dÃa al Toro:
y asà como hace aquél que no se para,
mas, como sea, sigue su camino,
por la necesidad aguijonado,
asà fuimos por el desfiladero,
subiendo la escalera uno tras otro,
pues su estrechez separa a los que suben.
Y como el cigoñino el ala extiende
por ganas de volar, y no se atreve
a abandonar el nido, y las repliega;
tal mis ganas ardientes y apagadas
de preguntar; haciendo al fin el gesto
que hacen aquellos que al hablar se aprestan.
Por ello no dejó de andar aprisa,
sino dijo mi padre: «Suelta el arco
del decir, que hasta el hierro tienes tenso.»
Ya entonces confiado abrà la boca,
y dije: «Cómo puede adelgazarse
allà donde comer no es necesario.»
«Si recordaras cómo Meleagro
se extinguió al extinguirse el ascua aquella
—me dijo— de esto no te extrañarÃas;
y si pensaras cómo, si te mueves,
también tu imagen dentro del espejo,
claro verás lo que parece oscuro.
