La Divina Comedia
La Divina Comedia Igual que vibran los primeros rayos
donde esparció la sangre su Creador,
cayendo el Ebro bajo la alta Libra,
y a nona se caldea el agua al Ganges,
el sol estaba; y se marchaba el dÃa,
cuando el ángel de Dios alegre vino.
Fuera del fuego sobre el borde estaba
y cantaba: «¡Beati mundi cordi!»
con voz mucho más viva que la nuestra.
Luego: «Más no se avanza, si no muerde
almas santas, el fuego: entrad en él
y escuchad bien el canto de ese lado.»
Nos dijo asà cuanto estuvimos cerca;
por lo que yo me puse, al escucharle,
igual que aquel que meten en la fosa.
Por protegerme alcé las manos juntas
en vivo imaginando, al ver el fuego,
humanos cuerpos que quemar he visto.
Hacia mà se volvió mi buena escolta;
y Virgilio me dijo entonces: «Hijo,
puede aquà haber tormento, mas no muerte.
¡Acuérdate, acuérdate! Y si yo
sobre Gerión a salvo te conduje,
¿ahora qué harÃa ya de Dios más cerca?
Cree ciertamente que si en lo profundo
de esta llama aun mil años estuvieras,
no te podrÃa ni quitar un pelo.
