La Divina Comedia
La Divina Comedia Deseoso de ver por dentro y fuera
la divina floresta espesa y viva,
que a los ojos ternplaba el dÃa nuevo,
sin esperar ya más, dejé su margen,
andando, por el campo a paso lento
por el suelo aromado en todas partes.
Un aura dulce que jamás mudanza
tenÃa en sÃ, me herÃa por la frente
con no más golpe que un suave viento;
con el cual tremolando los frondajes
todos se doblegaban hacia el lado
en que el monte la sombra proyectaba;
mas no de su estar firme tan lejanos,
que por sus copas unas avecillas
dejaran todas de ejercer su arte;
mas con toda alegrÃa en la hora prima,
la esperaban cantando entre las hojas,
que bordón a sus rimas ofrecÃan,
como de rama en rama se acrecienta
en la pineda junto al mar de Classe,
cuando Eolo al Siroco desencierra.
Lentos pasos habÃanme llevado
ya tan adentro de la antigua selva,
que no podÃa ver por dónde entrara;
y vi que un rÃo el avanzar vedaba,
que hacia la izquierda con menudas ondas
doblegaba la hierba a sus orillas.
