La Divina Comedia
La Divina Comedia Cantando cual mujer enamorada,
al terminar de hablar continuó:
'Beati quorum tacta sunt peccata.'
Y cual las ninfas que marchaban solas
por las sombras selváticas, buscando
cuál evitar el sol, cuál recibirlo,
se dirigió hacia el río, caminando
por la ribera; y yo al compás de ella,
siguiendo lentamente el lento paso.
Y ciento ya no había entre nosotros,
cuando las dos orillas dieron vuelta,
y me quedé mirando hacia levante.
Tampoco fue muy largo así el camino,
cuando a mí la mujer se dirigió,
diciendo: «Hermano mío, escucha y mira.»
Y se vio un resplandor súbitamente
por todas partes de la gran floresta,
que acaso yo pensé fuera un relámpago.
Pero como éste igual que viene, pasa,
y aquel, durando, más y más lucía,
decía para mí. «¿Qué cosa es ésta;?»
Resonaba una dulce melodía
por el aire esplendente; y con gran celo
yo a Eva reprochaba de su audacia,
pues donde obedecían cielo y tierra,
tan sólo una mujer, recién creada,
no consintió vivir con velo alguno;
