La Divina Comedia

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CANTO XXIX

Cantando cual mujer enamorada,

al terminar de hablar continuó:

'Beati quorum tacta sunt peccata.'

Y cual las ninfas que marchaban solas

por las sombras selváticas, buscando

cuál evitar el sol, cuál recibirlo,

se dirigió hacia el río, caminando

por la ribera; y yo al compás de ella,

siguiendo lentamente el lento paso.

Y ciento ya no había entre nosotros,

cuando las dos orillas dieron vuelta,

y me quedé mirando hacia levante.

Tampoco fue muy largo así el camino,

cuando a mí la mujer se dirigió,

diciendo: «Hermano mío, escucha y mira.»

Y se vio un resplandor súbitamente

por todas partes de la gran floresta,

que acaso yo pensé fuera un relámpago.

Pero como éste igual que viene, pasa,

y aquel, durando, más y más lucía,

decía para mí. «¿Qué cosa es ésta;?»

Resonaba una dulce melodía

por el aire esplendente; y con gran celo

yo a Eva reprochaba de su audacia,

pues donde obedecían cielo y tierra,

tan sólo una mujer, recién creada,

no consintió vivir con velo alguno;


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