La Divina Comedia
La Divina Comedia «¡Papé Satán, Papé Satán aleppe!»
dijo Pluto con voz enronquecida;
y aquel sabio gentil que todo sabe,
me quiso confortar: «No te detenga
el miedo, que por mucho que pudiese
no impedirá que bajes esta roca.»
Luego volvióse a aquel hocico hinchado,
y dijo: «Cállate maldito lobo,
consúmete tú mismo con tu rabia.
No sin razón por el infierno vamos:
se quiso en lo alto allá donde Miguel
tomó venganza del soberbio estupro.»
Cual las velas hinchadas por el viento
revueltas caen cuando se rompe el mástil,
tal cayó a tierra la fiera cruel.
Asà bajamos por la cuarta fosa,
entrando más en el doliente valle
que traga todo el mal del universo.
¡Ah justicia de Dios!, ¿quién amontona
nuevas penas y males cuales vi,
y por qué nuestra culpa asà nos triza?
Como la ola que sobre Caribdis,
se destroza con la otra que se encuentra,
asà viene a chocarse aquà la gente.
Vi aquà más gente que en las otras partes,
y desde un lado al otro, con chillidos,
