La Divina Comedia
La Divina Comedia La gloria de quien mueve todo el mundo
el universo llena, y resplandece
en unas partes más y en otras menos.
En el cielo que más su luz recibe
estuve, y vi unas cosas que no puede
ni sabe repetir quien de allà baja;
porque mientras se acerca a su deseo,
nuestro intelecto tanto profundiza,
que no puede seguirle la memoria.
En verdad cuanto yo del santo reino
atesorar he podido en mi mente
será materia ahora de mi canto.
¡Oh buen Apolo, en la última tarea
hazme de tu poder vaso tan lleno,
como exiges al dar tu amado lauro!
Una cima hasta ahora del Parnaso
me fue bastante; pero ya de ambas
ha menester la carrera que falta.
Entra en mi pecho, y habla por mi boca
igual que cuando a Marsias de la vaina
de sus núembros aún vivos arrancaste.
¡Oh divina virtud!, si me ayudaras
tanto que las imágenes del cielo
en mi mente grabadas manifieste,
me verás junto al árbol que prefieres
llegar, y coronarme con las hojas
que merecer me harán tú y mi argumento.
