La Divina Comedia
La Divina Comedia Y no sucede asÃ. por ello lo otro
examinemos; y si lo otro rompo,
verás tu parecer equivocado.
Si no traspasa el trozo poco denso,
debe tener un lÃmite del cual
no le deje pasar más su contrario;
y de allà el otro rayo se refleja
como el color regresa del cristal
que por el lado opuesto esconde plomo.
Dirás que se aparece más oscuro
el rayo más aquà que en otras partes,
porque de más atrás viene el reflejo.
De esta objeción pudiera liberarte
la experiencia, si alguna vez lo pruebas,
que es la fuente en que manan vuestras artes.
Coloca tres espejos; dos que disten
de ti lo mismo, y otro, más lejano,
que entre los dos encuentre tu mirada.
Vuelto hacia ellos, haz que tras tu espalda
te pongan una luz que los alumbre
y vuelva a ti de todos reflejada.
Aunque el tamaño de las más distantes
pueda ser más pequeño, notarás
que de la misma forma resplandece.
Ahora, como a los golpes de los rayos
se desnuda la tierra de la nieve
y del color y del frÃo de antes,