La Divina Comedia
La Divina Comedia Con el Amor que eternamente mana
del uno al otro, contemplando al Hijo
la Potencia primera e inefable
cuanto en espacio o mente se concibe
con tanto orden creó, que estar no puede
sin gustar de ello aquel que vuelve a verlo.
Alza, lector, hacia las altas ruedas
con la mía tu vista, hacia aquel sitio
donde dos movimientos se entrecruzan;
y allí comienza a disfrutar del Arte
de aquel maestro que tanto lo ama
en sí, que nunca de él quita la vista.
Mira cómo de allí se aparta el círculo
oblicuo que conduce los planetas,
satisfaciendo al mundo que los llama.
Pues no siendo inclinado su camino,
vano sería el influir del cielo
y casi muerta aquí cualquier potencia;
y si más o si menos se alejara
girando, de la perpendicular,
se rompería el orden de los mundos.
Quédate ahora, lector, sobre tu banco,
meditando en aquello que sugiero,
si quieres disfrutar y no cansarte.
Te lo he mostrado: come tú ahora de ello;
que a ella reclama todos mis cuidados
esa materia de que soy escriba.
