La Divina Comedia

La Divina Comedia

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CANTO XV

La buena voluntad donde se licúa

siempre el amor que inspira lo que es recto,

como en la inicua la pasión insana,

silencio impuso a aquella dulce lira,

aquietando las cuerdas que la diestra

del cielo pulsa y luego las acalla.

¿Cómo estarán a justas preces sordas

esas sustancias que, por darme aliento

para que hablase, a una se callaron?

Bien está que sin término se duela

quien, por amor de cosas que no duran,

de ese amor se despoja eternamente.

Cual por los cielos puros y tranquilos

de cuando en cuando cruza un raudo fuego,

y atrae la vista que está distraída,

y es como un astro que de sitio mude,

sino que en el lugar donde se enciende

no se pierde ninguno, y dura poco:

tal desde el brazo que a diestra se extiende

hasta el pie de la cruz, corrió una estrella

de la constelación que allí relumbra;

no se apartó la gema de su cinta,

mas pasó por la línea radial

cual fuego por detrás del alabastro.

Fue tan piadosa la sombra de Anquises,

si a la más alta musa damos fe,

reconociendo a su hijo en el Elíseo.


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