La Divina Comedia
La Divina Comedia El color que sacó a mi cara el miedo
cuando vi que mi guía se tornaba,
lo quitó de la suya con presteza.
Atento se paró como escuchando,
pues no podía atravesar la vista
el aire negro y la neblina densa.
«Deberemos vencer en esta lucha
—comenzó él— si no... Es la promesa.
¡Cuánto tarda en llegar quien esperamos.»
Y me di cuenta de que me ocultaba
lo del principio con lo que siguió,
pues palabras distintas fueron éstas;
pero no menos miedo me causaron,
porque pensaba que su frase trunca
tal vez peor sentido contuviese.
« ¿En este fondo de la triste hoya
bajó algún otro, desde el purgatorio
donde es pena la falta de esperanza?»
Esta pregunta le hice y: «Raramente
—él respondió— sucede que otro alguno
haga el camino por el que yo ando.
Verdad es que otra vez estuve aquí,
por la cruel Eritone conjurado,
que a sus cuerpos las almas reclamaba.
De mí recién desnuda era mi sombrío,
cuando ella me hizo entrar tras de aquel muro,
a traer un alma del pozo de Judas.
