La Divina Comedia
La Divina Comedia Igual que el ave, entre la amada fronda,
que reposa en el nido entre sus dulces
hijos, la noche que las cosas vela,
que, por ver los objetos deseados
y encontrar alimento que les nutra
—una dura labor que no disgusta—,
al tiempo se adelanta en el follaje,
y con ardiente afecto al sol espera,
mirando fijo a donde nace el alba;
asà erguida se hallaba mi señora
y atenta, dirigiéndose hacia el sitio
bajo el que el sol camina más despacio:
y viéndola suspensa, ensimismada,
me puse como aquel que deseando
algo que quiere, se calma en la espera.
Mas poco fue del uno al otro instante
de que esperara, digo, y de que viera
que el cielo más y más resplandecÃa;
Y Beatriz dijo: «¡Mira las legiones
del tyiunfo de Cristo y todo el fruto
que recoge el girar de estas esferas!»
Pareció que le ardiera todo el rostro,
y tanta dicha llenaba sus ojos,
que es mejor que prosiga sin decirlo.
Igual que en los serenos plenilunios
con las eternas ninfas Trivia rÃe
