La Divina Comedia
La Divina Comedia «.Al Padre, al Hijo, al EspÃritu Santo
—empezó— Gloria» —todo el ParaÃso,
de tal modo que el canto me embriagaba.
Lo que vi parecÃa una sonrisa
del universo; y mi embriaguez por esto
me entraba por la vista y el oÃdo.
¡Oh inefable alegrÃa! ¡Oh dulce gozo!
¡Oh de amor y de paz vida completa!
¡Oh sin deseo riqueza segura!
Delante de mis ojos encendidas
las cuatro antorchas vi, y la que primero
vino, empezó a avivarse de repente,
y su aspecto cambió de tal manera,
cual cambiarÃa jove si él y Marte
cambiaran su plumaje siendo pájaros.
La providencia, que allà distribuye
cargas y oficios, al dichoso coro
puesto habÃa silencio en todas partes,
cuando escuché: «Si mudo de color
no debes asombrarte, pues a todos
éstos verás cambiarlo mientras hablo.
Quien en la tierra mi lugar usurpa,
mi lugar, mi lugar que está vacante
en la presencia del Hijo de Dios,
en cloaca mi tumba ha convertido
de sangre y podredumbre; asà el perverso
