La Divina Comedia
La Divina Comedia Acaso a seis mil millas de distancia
hierve aquà la hora sexta, y este mundo
horizontal reclina ya la sombra,
cuando el centro del cielo, tan profundo,
se pone de tal forma, que en el fondo
van desapareciendo las estrellas;
y cuando se adelanta la sirviente
clarÃsima del sol, apaga el cielo
una por una hasta la más hermosa.
No de otro modo el triunfo que se goza
en torno al punto que antes me cegara,
creyéndolo incluido en lo que incluye,
se apagó poco a poco de mi vista;
por lo cual el amor y el no ver nada
me hicieron que a Beatriz volviera el rostro.
Si cuanto de ella he dicho hasta el presente
fuese encerrado todo en una loa,
poco serÃa a conseguir mi intento.
La belleza que vi no sobrepasa
solamente a nosotros, mas yo creo
que sólo su creador la goce entera.
Vencido me confieso en este paso
más que nunca en un punto de su obra
fue superado el trágico o el cómico:
pues, como el sol la vista menos firme,
asà el recuerdo de su dulce risa
a mà mismo me priva de mi mente.
