La Divina Comedia
La Divina Comedia «¡Oh Virgen Madre, oh Hija de tu hijo,
alta y humilde más que otra criatura,
término fijo de eterno decreto,
Tú eres quien hizo a la humana natura
tan noble, que su autor no desdeñara
convertirse a sà mismo en su creación.
Dentro del viento tuyo ardió el amor,
cuyo calor en esta paz eterna
hizo que germinaran estas flores.
Aquà nos eres rostro meridiano
de caridad, y abajo, a los mortales,
de la esperanza eres fuente vivaz.
Mujer, eres tan grande y vales tanto,
que quien desea gracia y no te ruega
quiere su desear volar sin alas.
Mas tu benignidad no sólo ayuda
a quien lo pide, y muchas ocasiones
se adelanta al pedirlo generosa.
En ti misericordia, en ti bondad,
en ti magnificencia, en ti se encuentra
todo cuanto hay de bueno en las criaturas.
Ahora éste, que de la Ãnfima laguna
del universo, ha visto paso a paso
las formas de vivir espirituales,
solicita, por gracia, tal virtud,
que pueda con los ojos elevarse,
