La Divina Comedia

La Divina Comedia

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CANTO XIV

Y como el gran amor del lugar patrio

me conmovió, reuní la rota fronda,

y se la devolví a quien ya callaba.

Al límite llegamos que divide

el segundo recinto del tercero,

y vi de la justicia horrible modo.

Por bien manifestar las nuevas cosas,

he de decir que a un páramo llegamos,

que de su seno cualquier planta ahuyenta.

La dolorosa selva es su guirnalda,

como para ésta lo es el triste foso;

justo al borde los pasos detuvimos.

Era el sitio una arena espesa y seca,

hecha de igual manera que esa otra

que oprimiera Catón con su pisada.

¡Oh venganza divina, cuánto debes

ser temida de todo aquel que lea

cuanto a mis ojos fuera manifiesto!

De almas desnudas vi muchos rebaños,

todas llorando llenas de miseria,

y en diversas posturas colocadas:

unas gentes yacían boca arriba;

encogidas algunas se sentaban,

y otras andaban incesantemente.

Eran las más las que iban dando vueltas,

menos las que yacían en tormento,

pero más se quejaban de sus males.


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