La Divina Comedia
La Divina Comedia Y como el gran amor del lugar patrio
me conmovió, reuní la rota fronda,
y se la devolví a quien ya callaba.
Al límite llegamos que divide
el segundo recinto del tercero,
y vi de la justicia horrible modo.
Por bien manifestar las nuevas cosas,
he de decir que a un páramo llegamos,
que de su seno cualquier planta ahuyenta.
La dolorosa selva es su guirnalda,
como para ésta lo es el triste foso;
justo al borde los pasos detuvimos.
Era el sitio una arena espesa y seca,
hecha de igual manera que esa otra
que oprimiera Catón con su pisada.
¡Oh venganza divina, cuánto debes
ser temida de todo aquel que lea
cuanto a mis ojos fuera manifiesto!
De almas desnudas vi muchos rebaños,
todas llorando llenas de miseria,
y en diversas posturas colocadas:
unas gentes yacían boca arriba;
encogidas algunas se sentaban,
y otras andaban incesantemente.
Eran las más las que iban dando vueltas,
menos las que yacían en tormento,
pero más se quejaban de sus males.
