La Divina Comedia
La Divina Comedia Éste la arrojará de pueblo en pueblo,
hasta que dé con ella en el abismo,
del que la hizo salir el Envidioso.
Por lo que, por tu bien, pienso y decido
que vengas tras de mÃ, y seré tu guÃa,
y he de llevarte por lugar eterno,
donde oirás el aullar desesperado,
verás, dolientes, las antiguas sombras,
gritando todas la segunda muerte;
y podrás ver a aquellas que contenta
el fuego, pues confÃan en llegar
a bienaventuras cualquier dÃa;
y si ascender deseas junto a éstas,
más digna que la mÃa allà hay un alma:
te dejaré con ella cuando marche;
que aquel Emperador que arriba reina,
puesto que yo a sus leyes fui rebelde,
no quiere que por mà a su reino subas.
En toda parte impera y allà rige;
allà está su ciudad y su alto trono.
¡Cuán feliz es quien él allà destina!»
Yo contesté: «Poeta, te requiero
por aquel Dios que tú no conociste,
para huir de éste o de otro mal más grande,
que me lleves allà donde me has dicho,
y pueda ver la puerta de San Pedro
y aquellos infelices de que me hablas.»
