El Zarco
El Zarco Por su parte, Pilar no ocultaba ya sus sentimientos desde el instante que ellos estallaron con motivo del terrible riesgo que estaba corriendo Nicolás. Salvarlo era ahora todo su objeto, y poco le importaba lo demás.
El famoso comandante, que según ha podido comprenderse era demasiado receloso, se alarmó al ver aquella cabalgata que parecÃa esperarlo en actitud amenazadora, y picando su caballo se dirigió al prefecto.
—¡Hola, señor prefecto!, ¿qué hace tanta gente aqu�
—Esperándolo a usted —respondió el funcionario.
—¿A m�, ¿ para qué?
—Para acompañarlo, señor, hasta Cuautla.
—¿Acompañarme?; ¿y con qué objeto?
—Con el de responder de la conducta de ese muchacho a quien lleva usted preso, ante la autoridad a quien va usted a presentarlo.
—¿Y qué autoridad es ésa, señor prefecto?