El Zarco
El Zarco El anciano padre de MartÃn y sus hijos se defendieron hcroicamente, pero fueron dominados por el número, asesinado el anciano, asà como uno de los hijos, saqueada la casa e incendiada después, y destruido todo lo que constituÃa el patrimonio del honrado labrador.
Cuando MartÃn Sánchez regresó de México, adonde habÃa ido, no encontró en su casa más que cenizas, y entre ellas los cadáveres de su padre y de su hijo, que no habÃan sido sepultados aún porque los otros hijos, heridos y ocultos en el monte, no habÃan podido venir al rancho.
En fin, aquello era el horror y la desolación.
La esposa de MartÃn estuvo enloquecida algún tiempo de dolor y de miedo.
MartÃn Sánchez no dijo nada. Fue a buscar a sus hijos al monte; con ellos dio sepultura a los cadáveres de su padre y de su hijo, y despidiéndose de su pobre rancho, convertido en escombros, y de sus campos incendiados, se llevó a su mujer y a su familia al pueblo de Ayacapixtla, donde esperaba tener mayor seguridad.
Entonces vendió lo poco que le habÃa quedado, y, con el dinero que reunió compró armas y caballos para equipar una partida de veinte hombres.